Creer es crear. Todo lo que creamos primero pasa por
nuestro pensamiento, por nuestro deseo. Por lo tanto, somos lo que
pensamos.
El problema en cuestión de nuestra realidad es la clase de
pensamientos que generamos. Desde que nacemos aprendemos formas de
comportamiento que vamos seleccionando según nos van viniendo mejor o peor.
Normalmente esto ocurre de forma inconsciente, por lo que los resultados en la
mayoría de las ocasiones no son exactamente los de deseásemos y quisiéramos
para nuestra realidad.
Por ejemplo, si mi deseo es vivir cómodamente o
abundantemente, poseer grandes cantidades de dinero... pero me han enseñado que
la espiritualidad está reñida con la abundancia, que tengo que trabajar muy
duro para conseguir algo, que este es mi estatus y que no se puede cambiar... O
mi deseo es encontrar el amor perfecto, pero creo que no valgo, que no lo
merezco, que los príncipes o princesas azules no existen, que... que... que.
Entonces mis pensamientos con mis deseos están en conflicto, y mis creencias
coercitivas hacen que cada vez tenga menos de lo que en realidad espero y deseo
tener.
Todos, y repito, todos merecemos poseer abundancia y no
existe escasez de ella más que en nuestro pensamiento.
Todos los grandes Maestros de todas las culturas y
religiones nos hablan de ello, pero quizás no lo hemos sabido interpretar o
hemos pensado que eso no era para nosotros.
Tenemos que cambiar los patrones que rigen nuestros deseos;
entender cómo funciona la atracción y
aplicar todas esas pautas para que, desde el primer momento percibamos ese
cambio que nos llevará a ser personas plenas, llenas, felices, prosperas y a
crear todo lo que deseemos, atrayendo toda la abundancia a todos los niveles:
económico, emocional, sentimental, físico, salud... que merecemos alcanzar.
Convirtiéndonos en seres libres y completos.
